• ASTON MARTIN “DB11”

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    UNA SAGA MIRANDO AL FUTURO

    POR EDMUNDO A. EGUIARTE
    FOTO ASTON MARTIN LAGONDA LTD

    Desde 1913 comenzó una historia basada en pasión y sinsabores, justo en este año se fundó Bamford & Martin LTD, una compañía fruto de la pasión por los automóviles de dos soñadores: Robert Bamford y Lionel Martin. Al siguiente año cambió su nombre por Aston Martin debido a una carrera –la Aston Hill Climb– en la cual Lionel Martin tuvo una participación muy exitosa.

    Los años siguientes fueron de desarrollo y baches en el camino, una quiebra, la reapertura después de que un grupo de inversores decidiera levantar la marca, aparición en el Grand Prix de Francia en 1922, más tarde en Le Mans en 1928 y a partir de esas fechas siguió apareciendo en los podios de prácticamente todas las justas automovilísticas en las que tomó parte.

    Resulta curioso que muchas veces no sabemos el por qué las iniciales de los modelos, en este caso el DB proviene del personaje –no fundador– más importante para la marca: David Brown, un empresario que hizo fortuna con tractores y posteriormente compró Aston Martin, más adelante compró otro fabricante de automóviles y los fusionó creando Aston Martin Lagonda (como se le conoce en la actualidad). Brown quedó impresionado después de conducir el Aston Martin Atom que ya utilizaba aluminio en el chasis y suspensión independiente en la parte delantera.

    Lo demás forma parte de la historia del automovilismo moderno, tanto a nivel comercial como a nivel competición, no podemos hablar de deportivos de alta gama sin mencionar a Aston Martin, y mucho menos separarlo de sus apariciones como buque insignia del famoso agente secreto, James Bond.

    Entrando en detalle, el DB11 es el buque insignia de la marca, la decimoprimera generación de este proyecto que es la cúspide del diseño e ingeniería de Aston Martin. Con su motor V12 con desplazamiento de 5.2 litros la potencia que tiene es embriagante: 600 caballos a la disposición de nuestro pié y un torque de 516 lb/ft2, los acabados son lo que se podría esperar de un súper coche, el lujo en cada detalle, pieles, maderas y metales que nos dan la sensación de estar verdaderamente conduciendo un vehículo al que pocos pueden acceder.

    El exterior es exótico –para los estándares ingleses– y a su vez conservador. Tiene un dejo de lo que fueron sus predecesores pero con un muy marcado sesgo hacia el futuro. Las líneas son moderadamente agresivas, con muy pocos ángulos rectos, como un auto que busca acariciar el viento. La parte trasera un poco más abultada le confiere ese toque deportivo que clama superioridad en la pista y en la carretera. El frente es muy llamativo por su parrilla y las muescas que le dan también ese toque de deportividad.

    El interior nos deja boquiabiertos, a pesar de la sobriedad su espíritu deportivo se transfiere por cada uno de los poros de la piel con la que se confeccionó, los contrastes de la piel bitono así como las manijas y algunos insertos del volante en aluminio destacan nuevamente su concepción como un deportivo sin parangón.

    Todo este vehículo denota un linaje que ha llevado a que la marca esté segura de lo que hace y sus productos están hechos para una selecta clientela que atesora los pequeños detalles y convierte a estos vehículos en un objeto de culto, de colección y –evidentemente– una pasión que pocos pueden permitirse.